
Después de seis nacimientos, todos muy exitosos, el 16 de junio de 1929 en Santo Domingo Antioquia, llega al mundo Oliva Hernández Marín, hija de Francisco Hernández y Rosario Marín, una pareja humilde y muy trabajadora.
Debido a que su familia era muy numerosa, les tocaba compartir como sucedía en muchas familias, las herencias dejadas por sus hermanos mayores, como ropa, juguetes, etc.
Oliva alcanzo a estudiar la primaria completa pero tuvo que dejar sus estudios para empezar a trabajar y ayudar a su familia económicamente. Para ese entonces la familia se había trasladado al municipio de Bello, donde Oliva entro a trabajar a Fabricato, una empresa textil, de las más grandes del departamento de Antioquia.
Estando allí, conoció al que mas tarde seria su esposo, llamado Román Gutiérrez, un hombre de muy buena familia, de las mas prestantes de la población de Don Matías, y con quien después de un año de romance Oliva con 17 años y Román con 27, contrae matrimonio, fijando su residencia en el municipio de Bello para poder quedar cerca de su lugar de trabajo; pero debido al matrimonio Oliva dejo de trabajar ya que su esposo se encargaría de mantener el hogar.
A los tres años de casados empiezan a llegar los hijos que para ellos en realidad fueron seis hermosas niñas, que alegrarían la vida de su hogar.
Pero no todo fue color de rosa ya que después del nacimiento de la cuarta hija, Oliva empezó a presentar quebrantos de salud, por una descalcificación progresiva de la cabeza del fémur derecho, lo cual le causaba grandes dificultades, por lo que debió ser sometida a una cirujia de alto riesgo en la cual le fue implantada una prótesis de platino para reemplazar la cabeza del fémur, la que resulto ser demasiado pesada y causo mucho sufrimiento porque esta le impedía inclusive caminar. “Cuenta su hija”
La recuperación fue larga y dolorosa pero pasa y continua con su vida, hasta que de nuevo tuvo que volver a ser sometida a dos cirugías mas, para tratar de alivianar, cambiando la prótesis por una menos pesada. Lo que en definitiva llevo a deteriorar más la salud de Oliva.
Lo único que la mantenía fuerte era su modo de ser y el amor de su esposo y sus hijas, además que era una mujer alegre y con mucha entereza y a pesar de que todo indicaba que debía permanecer en una silla de ruedas su carácter tan fuerte hizo que se levantara, pudiendo caminar aunque con mucho dolor, pero ella era muy joven y por lo tanto no admitía que pudiera quedarse inútil.
A pesar de toda esta tormenta, su familia hizo todos los esfuerzos para que su vida fuera lo mas agradable posible, llenándola de felicidad y de momentos muy hermosos.
Oliva y Román decidieron mudarse a la ciudad e Medellín cuando nacieron sus tres primeras hijas, después estando allí nacieron las otras tres y allí vivieron su infancia, estudiaron su primaria, secundaria y hasta la universidad, donde cada una empezó a conocer a quienes luego serian sus esposos.
La felicidad más grande de Oliva fue la llegada de su primera nieta, Paola, hija de la segunda de sus seis hijas a quien llamaba “Lucerito”. Para este nacimiento Oliva y Román tuvieron que trasladarse a la ciudad de Pasto para tal acontecimiento pues iban a ser los padrinos de aquella hermosa niña.
Después fueron llegando sus otros nietos hasta completar doce, quienes la llamaron abuelita, lo que para ella fue la dicha más grande y Oliva y Román disfrutaban cantando y enseñando a sus nietos las cosas que ellos vivieron en su infancia.
Cinco años después de que nació Camila, su antepenúltima nieta, estando en su finca a las afueras de Medellín, Oliva vive lo que seria la peor experiencia de su vida. Su “Gordo” como ella llamaba a su esposo fue asaltado en la finca y como consecuencia de ello acecinado con un tiro de una escopeta “Hechiza” llamada Changon.
Fue el episodio mas duro para toda la familia, ya que Román procedía de una familia netamente religiosa, compuesta por cinco hermanas monjas, un sacerdote y cuatro laicos, que difícilmente podían aceptar que su hermano, un hombre bueno, generoso y amoroso tuviera una muerte tan brutal.
Este episodio amilano mucho mas la salud de Oliva, quien no se resignaba a tan terrible perdida, para lo cual sus hijas tomaron la decisión de ayudarla cambiando para ella todo lo que le recordara su vida de hogar con Román. Entonces empezaron por vender la casa y llevarla a vivir a un apartamento junto con su hija menor, Diana quien fue su compañera por varios años.
Pero de nuevo llega la tristeza, ya que Diana quien no pudo aceptar la muerte de su padre se fue consumiendo y debilitando de tal forma que a los seis años de muerto Román, Diana sufre un infarto cerebral y muere fulminantemente, dejando de nuevo a Oliva sumida en el mas profundo dolor. Pero ella continúa su vida, saliendo adelante gracias al amor y apoyo de sus otras cinco hijas, aunque ya para ese entonces había perdido la alegría y el deseo de vivir.
Su vida transcurre entonces en medio de la pasividad y la tristeza que fueron acabando y deteriorando su salud paulatinamente.
sus hijas aunque algunas vivían lejos, trataron de que su vida fuera llena de alegría y mucha felicidad, llevándola de viaje a los diferentes sitios donde vivían y cuando no, ellas viajaban a visitarla, reuniéndose la familia completa; celebraban sus cumpleaños y procuraban hacer de cada reunión un momento inolvidable para ella.
Cuando Oliva cumplió sus ochenta años, sus hijas y nietos organizaron la mas hermosa fiesta de cumpleaños, a la cual asistieron sus hermanas, sobrinos, hijas y nietos; le llevaron mariachis, le partieron torta y fue muy obsequiada por todos. Ella por su parte se arreglo e hizo que sus hijas llamaran a su peluquero, porque quería mirarse muy hermosa.
La fiesta fue un éxito ya que Oliva disfruto como nunca y esto hizo muy felices a sus hijas. Lo que ellas nunca imaginaron es que justo un mes después de esta celebración perderían a su madre para siempre, ya que un buen día Oliva se metió en un sueño del cual nunca mas regresaría, dejando un gran vacio para aquellos que la amaban tanto.